El cine y el turismo tienen algo en común. Los dos incuban sueños e inspiran cambio en la conducta personal. Pero la reciente inauguración del parque cinematográfico Pinewood Indomina en Juan Dolio no conlleva una gran integración entre ambos. Aunque los sueños del turista puedan ser “de película” cuando anticipa las bondades del destino escogido, la verdadera trascendencia de ese parque será su excepcional contribución a la modernización e internacionalización de la economía.
Al ser el cine un pasatiempo universal que apela a todos por igual, los países en desarrollo aspiran a poder contar con una capacidad propia de producción. Cuba, por ejemplo, ha hecho ingentes esfuerzos para crear esa capacidad, aunque hoy la falta de recursos de inversión la mantenga algo ociosa. La cuantía de recursos que requiere la producción cinematográfica ha determinado que, en Latinoamérica, éste haya sido un monopolio de las grandes economías de la región (Argentina, México, Brasil). Pero aun ellas no han logrado equiparar sus producciones -en calidad- con las que emanan de los países ricos.
El presidente Fernández intervino en el acto de lanzamiento del parque para hacer alusión a la histórica ocasión. Destacó como principal aporte la posible vinculación del desarrollo cinematográfico con el desarrollo turístico. Su mensaje fue que el Pinewood Indomina traerá más turismo por vía de las celebridades que visitarán y trabajarán en el país y de las viviendas que los ejecutivos extranjeros de la industria pudieren comprar aquí. Ellos sin dudas, se convertirán en aliados de la promoción turística nacional al difundir los atractivos y otros aspectos seductores del país.
Las exaltaciones del Presidente fueron correctas. Tener un complejo productivo de este tipo fortalece la imagen turística del país. Pero ni por vía de la imagen ni por vía de las ventas inmobiliarias está la principal contribución del complejo. Las películas que se producirán en los estudios de Pinewood Indomina podrán usar locaciones nacionales, pero el grueso de las tomas se harán dentro de las naves del estudio. En cuanto a la compra de viviendas deberá recordarse que los actores extranjeros estarán en el país por tiempo limitado y la experiencia ha demostrado que no necesariamente comprarán una vivienda. De ahí que esos sean sólo beneficios marginales que no impactarán nuestro turismo de manera significativa.
Lo que realmente hay que resaltar es que el proyecto introduce al país a una etapa de modernidad con escaso parangón en el Tercer Mundo. En tanto, el cine representa un emblema supremo del desarrollo de los países ricos, el aspecto más trascendente del proyecto es su introducción de una “industria cultural”, un arte productivo propio de las economías más adelantadas. Habrá necesariamente un “efecto demostración” que repercutirá localmente a través de la adopción de los estándares de clase mundial que los estudios practiquen.
Hacer cine es ante todo un arte que hechiza y cautiva a todos los humanos del planeta por ser un medio de comunicación sin par. Le permite a los espectadores examinar sus propias vidas en función de las historias contadas y eso trae consigo una especie de sublime reflexión. El cine no solo canaliza la expresión artística sino que causa una útil introspección del sujeto que puede cambiar su imaginario y su vida.
En la fragua de creatividad y modernidad que representa Pinewood Indomina predominarán como directores los actores y técnicos extranjeros. Sin embargo, los criollos que han hecho “pininos” en un contexto de escasez de recursos serán también incorporados a esa fuerza laboral. Otra esquila importante del proyecto será el desarrollo de obreros especializados en la creación de “sets” cinematográficos que se contarán por cientos Y, a través de la escuela de cinematografía que el proyecto instalará, las capacidades nacionales se irán forjando gradualmente.
Pero un relevo eventual del personal directivo extranjero sólo será posible cuando los nacionales emprendan proyectos cinematográficos propios. Afortunadamente, la “Ley de Cine” que ha hecho posible la instalación de Pinewood Indomina en el país crea condiciones para que eso suceda.
Amén de establecer una infraestructura institucional que promocionará la industria cinematográfica, esta legislación también instituye beneficios para las compañías de cine locales que incluyen exenciones impositivas, un crédito fiscal de un 25% transferible a gastos elegibles y el financiamiento de un fondo gubernamental. Hay pues esperanza de que el cine criollo pueda dar un salto similar al acontecido desde “La Silla”, primera película dominicana, hasta “Lotoman”.
Para la concreción de todo lo anterior se unieron dos grandes voluntades. Al Presidente de la República se le reconoció en el acto una participación determinante en la aprobación de la nueva ley. También se reportó su apoyo militante y entusiasta a la iniciativa del Grupo Vicini, los inversionistas nacionales que cierran filas con Pinewood Indomina en el proyecto. Por su lado, al Grupo deberá reconocérsele su vanguardismo entre los inversionistas nacionales. Aunque conservan el azúcar como renglón de negocio, están diversificando sus inversiones con actividades modernizantes.
Habrá ahora que esperar que no pase lo que sucedió en Macondo, según contó el presidente Fernández, la primera vez que sus habitantes conocieron el cine. Después que en la primera película mostrada murió el protagonista, la gente lloró inconsolablemente y guardó un profundo luto. Cuando una segunda película trajo al mismo actor, los macondianos se indignaron porque le habían hecho creer que este había muerto. El resultado fue que quemaron la sala de cine al comprobar que su congoja había sido en vano.
Al final, la inauguración del parque trae a colación aquel dictamen del fallecido director del Listín Diario, Rafael Herrera, quien decía que los dominicanos teníamos una “economía de postre” porque en ese entonces dependíamos del café, el cacao y el azúcar. Pero con el despegue y eventual expansión de la industria cinematográfica tendríamos que decir ahora que tenemos una “economía de sueños” (cine, turismo y visas (remesas). Por suerte, soñar no cuesta nada.
… La verdadera trascendencia será su excepcional contribución a la modernización de la economía.
Fuente: http://diariolibre.com/noticias_det.php?id=281430